Friday, June 15, 2018

La Leve Sonrisa

Otoño de 1981 (París, Francia). Fuera llovía y ella estaba allí sentada frente aquel cuadro, mirándolo fijamente como si esperase que ella le devolviese esa leve sonrisa. Inclinó su cuerpo hacia delante y apoyó su mano en la barbilla mientras con la otra tocaba las largas mangas de su vestido. Parecía hipnotizada por la pintura que colgaba frente a ella. Su mano se deslizó por los botones del cuello y frunció el ceño. “He perdido uno”, pensó. Luego recordó que tenía otro en su revuelta habitación del motel y siguió mirando aquella sonrisa.

Vestido azul noche
de los años 80
Se había mudado hacía unos meses al otro lado del mar para empezar de nuevo, ya que su pequeño pueblo no tenía nada que ofrecerle. Viajó ligera de equipaje, lo más preciado era ese vestido azul noche que llevaba puesto. Lo había visto en Marks & Spencer y no pudo resistirse a aquellas impresiones en la tela del vestido, eran como pequeñas lágrimas que parecían llamarla. Así que allí estaba ella, esperando. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que entró en aquella sala repleta de cuadros, pero parecía interminable y él no aparecía. Esperaba que no se hubiera confundido acerca del día o la hora. A veces esas cosas podían pasar. A veces. Se alisó la falda de su vestido lentamente y sus níveos dedos ajustaron el cinturón un poco marcando su fina cintura. Se estaba empezando a poner nerviosa, ya ni siquiera miraba a aquella sonrisa. “¿Es que no va a aparecer?”, se preguntó sonrojándose. Sus uñas pintadas de rojo tocaron levemente el plisado del vestido y rozaron su pecho. Lo subió hasta enseñar sus rodillas y cruzó las piernas. Suspiró.

Volvió a mirar a aquella misteriosa sonrisa durante un segundo y giró la cabeza hacia la sala como buscando algo o alguien. Cansada de estar sentada, se levantó con energía y empezó a dar vueltas alrededor. Sus tacones hacían ruido contra el suelo y aquel sonido parecía multiplicarse en aquel lugar. No había nadie más allí, y si lo hubiera, le daba igual. Se paró en frente de una vitrina de cristal y vio su reflejo, y vio su vestido que se ajustaba elegantemente sobre su cuerpo. Allí estuvo contemplando su imagen durante un rato. Sentía rabia. Él no iba a aparecer. Estaba segura de ello. Se dirigió al banco tapizado, cogió su bolso y caminó hacia la puerta. Su vestido de pequeñas lágrimas se movía al compás de su decepción. Y nunca más volvió a ver aquella sonrisa.



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