Saturday, July 28, 2018

Encuentro en París

Fue en 1953 cuando una joven Audrey Hepburn (ruega decir que ella es mi actriz favorita de todos los tiempos) apareció en el estudio de Givenchy en el número 8 de la Rue Alfred de Vigny en París (por supuesto). Dicen como anécdota que Hubert de Givenchy (1927-2018) estaba esperando por la otra Hepburn (no hace falta que diga el nombre), pero se encontró con esta delicada mujer vestida de manera afrancesada que estaba buscando vestuario para su próxima película “Sabrina” (1954). El diseñador quedó fascinado con ella, cenaron juntos ese día y la magia entre ellos brotó dando lugar a una relación de amistad inquebrantable que duró hasta la muerte de ella y más allá.


Hubert de Givenchy y Audrey Hepburn (1950s).




Audrey Hepburn y Givenchy.
Una cara con ángel (1957).
La admiración de ella por Givenchy (y viceversa) era tal que ella exigió por contrato que él fuera el diseñador del vestuario de sus películas. Así en los años 50 y 60 (la época dorada de Audrey), ella desprendió todo el glamour en la gran pantalla, glamour creado por el francés que se inspiraba en su musa, y convirtió a Audrey Hepburn en un icono de la moda (aún hoy en día ella es considerada una de las mujeres más elegantes del mundo). La gracia con la que esta maravillosa actriz lucía sus creaciones se puede ver en películas como “Una cara con ángel” (1957), “Desayuno con diamantes” (1961) donde ella llevaba el Little Black Dress más conocido de todos los tiempos, o “Cómo robar un millón y…” (1966). Ella dijo una vez: “solo en sus prendas me siento yo misma. Es mucho más que un couturier, es un creador de personalidad.” Eso se notaba en sus películas sin ninguna duda. Y también en su vida personal, ya que Audrey no pudo pensar en nadie más que Givenchy para diseñar los vestidos de sus dos bodas. Ellos eran el tándem perfecto dentro y fuera de la pantalla (y probablemente la envidia de muchos).



La maravillosa pareja en París (1982).


Ya metidos en los años 70/80, Audrey Hepburn no trabajó tan asiduamente como en el pasado, pero Givenchy seguía creando para ella a nivel personal. Su confianza mutua llegó a tal punto que ella le nombró albacea de su testamento poco antes de su muerte en 1993. Aún tras la pérdida de su adorada amiga, él la recordaría siempre y la mencionaba cuando tenía la menor ocasión. Aquí dejo estas palabras de Hubert sobre su eterna amistad con Audrey: "Sonaba el teléfono en el atelier y era Audrey: 'Solo llamo para decirte que te quiero'". No es necesario decir más (insertar suspiro).


¡Os veo la semana que viene, amantes del vintage!



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