Saturday, July 14, 2018

La Escalera

No había escaleras mecánicas, sino majestuosas escaleras, algunas de ellas coronadas en impresionantes cúpulas, por donde las mujeres más fashionables de aquellos tiempos subían y bajaban moviendo sus suntuosos vestidos en busca de algo más para su armario (como un alma vieja, hubiera sido maravilloso haber podido ir de compras allá por el siglo XIX *insertar largo suspiro). Tú podrías imaginar esos sombreros de plumas reclinados sobre las mostradores de madera de aquellos grandes almacenes, apenas llenos de gente y donde se respiraba elegancia. Las magníficas siluetas se movían entre suelos tapizados, enormes lámparas de cristal y espectaculares artesonados en los techos, incluso había asientos para tomar un descanso (ya sabemos que aquellos ropas no eran livianas y podrías terminar agotada después de muchas horas).


Les Galeries Lafayette  (1900).




Interior de Selfridges (1910).
Dicen que dicen que el primer gran almacén fue Harding, Howell & Co’s Grand Fashionable Magazine ubicado en Londres. Sus puertas se abrieron en 1796, pero no fue hasta mediados del siglo XIX cuando hubo un boom y empezaron a aparecer en el resto de Europa y Estados Unidos. Uno de los más conocidos fue Marshall Field’s en Chicago donde uno de sus socios, Harry Gordon Selfridge, acuñó el conocidísimo eslogan de “el cliente siempre tiene razón” (te suena, ¿verdad?) que aún se sigue usando hoy en día. Las mujeres de clase media-alta encontraron en estos grandes almacenes un lugar donde podían sentirse libres, sin la necesidad de ir acompañadas por otra persona del sexo opuesto, éstos se convirtieron en un punto de encuentro donde sociabilizar también. Gracias a ello empezó una cultura de consumo (los hombre tenían el dinero y las mujeres lo gastaban en ponerse guapas, no dicho con mala intención), una cultura alejada de las calles en las que las mujeres no se encontraban seguras. Poco después aparecieron los escaparates como una primitiva forma de comercialización (hablaremos de ellos en otro blog). Los primeros en dar el paso fueron los almacenes Harrod’s en Londres y Au Bon Marché en París, y fue entonces cuando las damas tomaron las calles.



Grandes almacenes Wrights (Colorado, 1900).

Vagabundea mi mente pensando en cuántas historias verían las escaleras de esos imponentes grandes almacenes (¡quién pudiera mirar por un agujero y echar un vistazo!). Ellas eran, por así decirlo, el centro a partir del cual todo funcionaba, y a su alrededor las deseadas joyas, los delicados sombreros, los juguetones abanicos o la puritana lencería esperaban pacientes. Entonces las puertas se abrían y la vida entraba a golpe de seda.




¡Os veo la semana que viene, amantes del vintage!



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