Saturday, July 21, 2018

María Antonieta

Correteaba juguetona María Antonieta por las suntuosas estancias del Palacio de Versalles, antes de que le cortasen la cabeza, acompañada de su séquito de jóvenes damas (cualquiera que haya visto la película, ya lo está visualizando) llevando esos elaborados vestidos llamados robes à la française muy moda en el siglo XVIII y que dejan a una con la boca abierta. El tema de esta semana no es solamente sobre ello, sino sobre las diferencias entre el susodicho, el robe à l'anglaise y el robe à la polonaise. ¡Así que vamos al asunto! (¡y a tomar nota!).


Robe à la française (1750).
Foto cortesía de Palais Galliera.
Probablemente el más conocido sea robe à la française mayoritariamente hecho de seda (¡qué otra tela sino podría ser, ¿verdad?!)  El impresionante volúmen lo creaban varias enaguas sobre un armazón y todo ésto iba debajo de la falda la cual iba fijada a un angustioso corsé (supongo que vestirse llevaría su tiempo). Hasta aquí nada extraordinario, pero esta clase de vestido tenía un par de singularidades. Una de ellas eran los pliegues Watteau que iban desde la nuca hasta el suelo y eran como una especie de capa, y la otra eran las barbas de ballena en forma triangular en la parte del estómago cuya misión era cubrir el corsé. Todo ello muy recargado con lazos y bordados. Las mangas cubrían el brazo desde los hombros hasta los codos y se adornaban con encajes. El robe à la française desapareció después de la Revolución Francesa y los vestidos empezaron a simplificarse… un poco.



Robe à l'anglaise (1770)
Foto cortesía de Lacma.

Sigamos nuestra clase de Historia de la Moda, y ahora toca el turno al robe à l'anglaise (espero que estéis atentos a cada palabra porque no lo voy a repetir dos veces). Era más simple que el anterior y prácticamente el exceso de adornos desaparece. La falda estaba cortada al frente y mostraba la enagua a juego. Su volúmen lo conseguía porque los pliegues estaban cosidos por debajo de la cintura en forma de “V”, y le daba un aspecto elegante sin estar excesivamente recargado. El corpiño estaba ajustado en la parte posterior formando un punto largo. Por delante se emplearon cordones a juego con la tela y se usaron botones para unir los dos paneles. Las mangas son más sencillas y se estrechan hasta el codo. Ni que decir que la seda era la reina (otra vez).



Robe à la Polonaise (1775).
Foto cortesía de Lacma.
Y ya por último nos queda el robe à la polonaise (yo creo que es el más creativo de los tres). Dicen que su origen estaba en los trajes que las campesinas usaban para sus tareas diarias. El corpiño estaba cerrado en la parte superior central delantera y luego se abría hacia los lados dejando un espacio triangular donde se añadía un falso chaleco. Pero su original característica era que la sobrefalda se remangaba mediante pequeños cordones y formaban maravillosos pliegues dando a la silueta un aspecto frágil. Las mangas eran de tres cuartos que podían estar rematadas con finos volantes.

Bueno, pues ya está todo explicado. Ahora me he quedado con las ganas de volver a ver “María Antonieta” (¿será mi plan para el sábado noche? Hmm… quizás). Pero primero un café.


¡Os veo la semana que viene, amantes del vintage!



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