Saturday, August 18, 2018

Gran Bola de Fuego

Ilustración de una crinolina.

A veces la moda mata, y sino que le pregunten a las mujeres victorianas. Pero primero vamos a ponernos en situación y empezar por el principio (como debería ser). Así pues en el siglo XIX apareció la crinolina en la vida de las mujeres. Fue patentada por R.C. Milliet en París en 1856 y fue una auténtica revolución convirtiéndose en lo más fashion del momento. Por aquel entonces las faldas conseguían su gran volumen gracias a capas y capas de enaguas almidonadas que hacían el movimiento incómodo y ciertamente muy pesado. La moda era la moda, y las mujeres estaban dispuestas a soportar lo que fuera si era necesario (dicen que para estar bella hay que sufrir).



Mujer española colocándose una crinolina (1860).
Pero entonces la aparición de la crinolina cambió todo y las damas empezaron a usar esa estructura en forma de jaula compuesta por aros de acero ideada para sostener las enaguas y el vestido (aún llevando kilos de ropa, pero era más llevadero). No era algo completamente rígido sino que se movía al compás de los movimientos de estas elegantes mujeres, haciendo como si el vestido tuviera vida propia. Su impulsora fue Eugenia de Montijo quien fue una gran propulsora de la alta costura en Francia de la mano con Charles Frederick Worth (ya hablamos sobre este genial diseñador en un post anterior). Como ya comenté en un par de ocasiones, las mujeres de clase alta eran quienes marcaban las pautas de la moda, y en este caso, no iba a a ser menos. El uso de la crinolina se extendió y entonces las tragedias comenzaron en bases diarias. Esta novedad tenía un problema y era su enorme volumen. Es sabido que en aquel siglo todavía no había electricidad en las viviendas, así que las estancias se iluminaban con lámparas de gas y en cada habitación había una chimenea para los fríos días de invierno. Y la catástrofe se avecinó. Ellas (cual inocentes criaturas) se preparaban para su día con la crinolina yendo y viniendo sin darse cuenta de su gran diámetro, entonces tropezaban con las lámparas o se acercaban demasiado a la chimenea, una chispa las alcanzaba y las llamas las devoraban vivas sin tiempo apenas para salvarlas. Y así esta escena se repitió día tras día. La muerte por el uso de este complemento fue ciertamente un asunto muy serio. Se dice que la cifra de mujeres muertas por su propio vestido ascendió a 3.000 en nada menos que 10 años (sí, has leído bien… 3.000).


Una mujer llevando una crinolina y siendo vestida
con la ayuda de largos palos (Londres 1860s).


Afortunadamente a partir de 1865 el diámetro de este asesino se fue reduciendo considerablemente, y en 1870, la figura femenina conseguía un aspecto más vertical. El éxito de la crinolina radicó en que su uso fue popularizado en cualquier clase social, todas las mujeres llevaban una. Y algunas pagaron un precio muy alto… lo pagaron con su vida.


¡Os veo la semana que viene, amantes del vintage!



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